Consejos para la mujer embarazada

5 de octubre de 2015

El embarazo es uno de los períodos donde ocurren los mayores cambios y más deprisa en el cuerpo de una mujer.

El cuerpo de la mujer debe estar en las más óptimas condiciones no sólo para el feto en desarrollo en sí mismo sino también para poder aguantar con el peso que día a día se va poniendo tanto por el niño como por todo el aparato placentario y todos los líquidos necesarios para la correcta protección y desarrollo del bebé.

El cuerpo debe lidiar con un peso que en su mayoría se concentra en el vientre de la madre y la espalda en condiciones normales está preparada para ello, si bien alteraciones en la forma de la misma como también restricciones pueden desembocar en molestias y lesiones particularmente en el segundo y el tercer trimestre de la gestación.

Las curvaturas naturales de la espalda se incrementan apelando a su capacidad física que como todo arco tienen para amortiguar. Dichos arcos en condiciones normales no causarán ningún tipo de problemas inicialmente, pero en los casos en los que la paciente tenga leve desviaciones o restricciones en la espalda darán la cara inmediatamente debido al reto que le supone a la espalda lidiar con el peso extra en desarrollo. Otras afecciones tales como alteración en la altura de los miembros, espondilolistesis, hiperlosdosis o hipercifosis y otras muchas pueden tener una gran importancia durante los meses de gestación.

Todo lo anterior tendrá una importancia determinante igualmente durante el último trimestre cuando las hormonas preparatorias del parto comiencen a causar una mayor laxitud ligamentaria y por lo tanto mayor creación potencial de lesiones y mayor sobrecarga muscular. El objetivo de estas hormonas es la preparación de los ligamentos de la pelvis para el parto, y así poder alcanzar las medidas necesarias para el período expulsivo del parto. La pelvis sigue siendo tanto el soporte de la espalda y por lo tanto alteraciones en la misma supondrá un efecto inmediato en todo el sistema.

Todo ello resultará en disfunciones y dolor en las articulaciones lumbosacras y sacro-ilíacas además de molestias cervicales y dolores de cabeza.

Todo ello con contracturas asociadas y con disminución del retorno venoso que resultará en hinchazón de los tobillos y piernas.

Paralelamente el peso de la mujer embarazada ha de ser controlado y respetado en los márgenes que el ginecólogo estipule, ya que no será bueno ni para el feto ni para la estructura fisiológica de la madre.

El tratamiento de osteopatía es siempre la mejor opción teniendo en cuenta que es un tratamiento puramente manual que mejorará no sólo lo anteriormente expuesto, sino potencialmente la salud del feto, ya que la reducción de las contracturas y restricciones resultarán en un mejor soporte y por lo tanto mejor aporte sanguíneo para el feto.

Igualmente, la osteopatía aportará consejos ergonómicos adaptados a cada paciente y a este momento tan especial como es el embarazo. Un buen descanso no sólo recuperará las articulaciones y los músculos la mujer embarazada, sino que mejorarán el desarrollo del feto.

Todo ello irá acompañado de recomendaciones sobre ejercicios para favorecer el correcto mantenimiento y relajación de la madre y el niño.

Por todo ello, por la naturalidad y el enfoque manual de todo el tratamiento, la osteopatía se convierte en una opción segura totalmente libre de medicamentos y sustancias químicas con efectos adversos o desconocidos en el desarrollo del bebé. Este tratamiento se convierte en un buen arma terapéutica disponible ya no solo a nivel de tratamiento, sino de mantenimiento y prevención de la salud de la mamá embarazada durante todo el periodo de gestación.

 


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